Arte circense llega a los barrios más marginados de Bogotá
Jóvenes de Ciudad Bolívar quieren vivir del arte gracias a la carpa escuela Circo Ciudad.
Si bien, todavía el circo tradicional sigue captando a un gran número de adeptos en el país, en este arte ha aparecido una nueva propuesta que si bien toma muchos elementos de allí, se reinventa.
En Bogotá, un excelente ejemplo en la Fundación Circo Ciudad, creada hace más de 10 años, que dirige Rafael Peralta como director, quien desde entonces se ha dedicado a recorrer la ciudad con su Carpa Escuela, capacitando a los jóvenes de las comunidades más marginadas en programas basados en educación circense gratuita, con la ayuda de profesionales en distintas especialidades.
Su director es un abogado especializado en gestión de recursos culturales internacionales, que ha dedicado su vida al arte en sus diferentes expresiones y al diseño y desarrollo de las mismas, proyecto que ha significado para él una nueva vida, mucho más alegre por supuesto.
Este es un proyecto con una doble cara, pues si bien surgió como una escuela de formación en artes circenses, se encuentra desde su inicio enfocado también al trabajo social, dentro una línea muy consistente que se denomina Circo Social.
El objetivo de esta fundación es agrupar a todos los jóvenes que habitan el barrio Ciudad Bolívar y que están intentando iniciar su carrera artística, bien sea proveniente de agrupaciones, teatros o colegios sin ningún apoyo económico por parte del Estado.
Para ingresar a la carpa escuela el primer paso es superar las audiciones, en las que se tiene en cuenta "desde el grupo de rap de la esquina hasta personas ya con alguna formación en actuaciones circenses", aclara Peralta.
En el camerino encontramos a los artistas que hacen parte del espectáculo, 10 jóvenes vestidos en su mayoría con ropa cómoda, que desarrollan diferentes actividades propias de este arte.
Diábolos, motociclos, caballetes y cintas están por todo el lugar y dejan ver lo que significa y requiere esta actividad, en especial cuando cobra vida en el Circo Ciudad, en donde la camaradería se hace evidente desde el principio.
José Miguel Martínez de 21 años, uno de los artistas de la escuela y cuenta que asistió a la convocatoria a los 16 años cuando todavía estaba estudiando en el colegio y se enteró del proyecto porque llegaron al barrio y aunque su familia siempre le dijo que primero era el estudio un amigo lo convenció de presentarse; gracias a que su papá es acróbata y le había enseñado gran parte de las acrobacias, se presentó con una rutina que le permitió pasar una pre-selección y luego la selección final.
Los jóvenes que quieren hacer parte del proyecto deben pasar por diferentes etapas: técnicas de circo y artes escénicas; deben haber cursado materias teórico practicas de actuación, música y danza, en donde siempre se prioriza en lo humano, tal como cuenta Víctor, quien en el espectáculo representa a Carolina, una tierna payasita que nos conduce por los diferentes actos que se presentan.
La payasita Carolina se dio a conocer en la localidad de Ciudad Bolívar haciendo presentaciones de hip hop y break dance, baile que aprendió con un grupo de compañeros viendo videos y practicando días y noches enteros "porque es un arte desagradecido que si se deja de practicar no sale" y el que él asegura hace "con estilo propio el estilo chibchombiano", ahora lleva más de dos años en la compañía.
Muchos jóvenes en su barrio conocieron gracias a él un estilo que los motivó a aprender nuevas cosas "para que no estuvieran desocupados en la calle y que la gente los viera como delincuentes o como ladrones", labor que para él se convirtió en un trabajo útil para su comunidad.
En sus propias palabras, "se consigue con esfuerzo propio porque es sólo de esta manera que es creíble para la comunidad, logrando que se sientan identificados con proyectos como el que hacemos nosotros ahora con la fundación".
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